sábado, 23 de abril de 2011

TAMAÑO




No viniste a conocer mi ciudad,
solo querías ensanchar la tuya.
Las tabernas no fueron tus tabernas
y el hombre de la cama no era un audaz viajero.

(Quizás porque olvidaste pedir permiso al mar)

Las calles y las luces no se abren como tuyas
si no has amado intensamente algún momento,
alguna lluvia o sol,
canción, persona o cosa.

Tu, nazcas donde nazcas,
siempre serás de pueblo,
aunque nazcas en Río, en París o en la Habana,
no eres tan grande para nacer en aldea
y amar y recorrer pueblos sin linde.

Yo, en cambio, vivo y sueño mi ciudad y la tuya,
después y antes de ti, las recorro y me hablan.
Mi mundo crece día a día, verso a verso,
llanto a risa, melodía a melodía.

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