miércoles, 13 de mayo de 2020

A TU NOMBRE



Fugaz, poco visible,
innecesario
a los ojos ajenos, 
lentamente caminas
hacia una nueva entrega de tu nombre.

El espejo asegura,
junto a la mayoría
de los pocos que perciben tu existencia,
que has cambiado,
que la barba 
te hace interesante o te avejenta, 
que ahora les recuerdas a tu padre,
y ese corte y ese color de pelo
te hacen mucho más joven y atractiva.

Tú recorres el día sin apenas notarlo,
con los mismos pulmones
que siempre han celebrado
la gloria de las risas, los miedos, los orgasmos,
los silencios cobardes y los gritos desnudos,
año a año vividos, 
anotados a tu nombre
en el informe de los días usados.

Solo traes la noticia 
de algunos versos nuevos,
o unas notas que suenan 
amarillas y verdes,
que han entrado de pronto, 
sin permiso, fragantes,
o las has segregado 
inesperadamente
mientras tus ojos
vagaban a lo lejos en silencio.

El camino que acoge tu visión y tu aliento,
se reserva el derecho
de retocar tus ingenuos borradores
antes de que el espejo,
junto a la mayoría,
emitan su dictamen
sobre cualquier entrega nueva de tu nombre
y tu canción del tiempo silenciosa.

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