viernes, 26 de junio de 2020

POCA COSA




I

Es difícil saber qué pretende el poeta,
qué admite,
o considera suficiente.

Las ganas de llorar son poca cosa,
es poca cosa 
la falta de un motivo convincente 
o la chispa que inicia 
la libertad del llanto,
el grito anterior a la calma,
el abrazo desnudo perdido en el vacío, 
la renuncia 
a un nombre,  
a una historia presentable.

Es de valientes recibir el día, 
mirar a los ojos a esta noche
sabiendo que podría llevárselo todo
y no entregar nada.


II

Yo tuve un gran amor
hecho de aire fingido, 
de los ojos vendados 
del pecho y de su sótano. 
Yo fui feliz sabiendo 
que todo era un intento 
que no lograba nada.
Lloraba fácilmente 
un llanto de borracho
que los amaneceres absolvían. 

Soñaba la existencia del futuro 
y advertía al pasado 
un ajuste de cuentas. 
Yo fui gallina ciega 
del tiempo que escapaba entre mis brazos. 

Hoy me paro a respirar silencio, 
miro a los ojos negros de la noche, 
me ciega y me extenúa 
el fuego de los soles inclementes, 
me erosiona
la huida imperturbable 
de las luces amables del poniente, 
el universo tan serio de polillas
en las filas de farolas sin alma 
de las calles desiertas que recorro.


III 

Poca cosa,
lo sé perfectamente. 
Me iría sin hacer ruido.
Pero un abuelo mío o de mi hermano,
juntó un millón de notas una a una,
erigió una montaña piedra a piedra,
labró un sendero entre dos mares,
dijo cosas 
que mostraron caminos 
a los amores y a las felicidades. 

Poco puedo hacer
más de lo poco,
pero será en la suma. 
No sé, solo pretendo 
abrir, cerrar, dar paso,
quién sabe, cocinar
unas pocas raciones 
del sustento del mundo 
que debería quedar 
cuando me vaya.




miércoles, 17 de junio de 2020

SONETO ALGO BUDISTA



Un sentimiento vagamente hostil
al sopesar que me han tratado mal
no se hinchará en un fiero temporal
antes de hablar contar hasta tres mil

Me niego a ser autómata de un rol
solo a mi coherencia sigo fiel
sea un desierto el día o un vergel
procuro un equilibrio sin control

Puesto que todo llega a su final
escojo lo que pongo en el atril
no quiero ser esclavo ni un gandul

Maquino mi plan lógico y cabal
pasar del mes de mayo hasta el de abril
absorto en lo infinito del azul

lunes, 15 de junio de 2020

PASADIZO



I

En las manos
los aperos 
de la lengua de tiempo,
sin corriente, sin vela.

No llueve, no hace frío,
no recuerdo sus ojos
ni sé de quién hablo.
O quizá en algún sueño
ya olvidado.

Faltan más de dos horas
para que amanezca
y olvide otro sueño
donde no pasa nadie.


II

Un verdadero amor
o un lobo silencioso
o una bella mentira
te acechan en el sueño.

Pero el sol está alto,
tienes mucha tarea.

Cuando sea la hora
y por fin duermas,
ya se habrán ido.

Caminarás de nuevo
sin preguntarte
si la escena,
alguna vez, o muchas,
se repite.
Recorrerás la escena
donde no pasa nadie.


III

Afuera está el mundo
y no sabes del todo
vivir en tu cabeza.

La música que te transforma,
al principio 
fue llegando del mundo.
Rápida fijó cimientos 
en tu sangre y tus huesos.
Eres ya un termitero
de infinitos pasillos y recodos
con su templo absoluto
en el centro del pecho.

Hay raíces y ramas
que no acatan los muros, 
van rompiendo en silencio
la calma del olvido.

Es cuando necesitas
que el mundo no te borre todavía.
No cabe aún la paz
entre tantas termitas.
No sabes vivir solo en tu cabeza
entre tantos millones de pasillos
donde no pasa nadie.


IV

Otra vez caminar.
Hoy lo percibes
como estar vivo obligatoriamente,
sin una dirección apetecible,
algún plan anterior a morirse.

Has llegado a los árboles.
El mundo te rodea
pero solo te habita su ruido,
nadie llega.

Un estanque con peces
lo deja todo claro,
muestra 
en sus aguas oscuras
un ser asomado al abismo
en el que tú respiras.
Tú, ser de un mundo inconcebible,
más allá de los sueños posibles
de un ser que respira
en su universo mínimo,
silente.

Es cuando eres consciente
y ves la utilidad
de seguir caminando.
Aunque sea entre la gente,
aunque no pase nadie.


V

Y llega, siempre llega,
presente, la hora de la tregua,
el nido vacío en la sombra
con su puerta posible,
azar de inexpugnable santo y seña,
vereda imprescindible
para pisar la tierra de destellos
donde no existió el tiempo,
siempre es ahora
y está nadie,
y puede ser cualquiera
con su abrazo rotundo sin comienzo.

Siempre va a ser nunca y ahora.
O la tregua
muda,
oscura, 
sin manos ni pies.