lunes, 18 de agosto de 2014

RECETAS PARA SEGUIR VIVIENDO



Para recomponer una sinceridad,
si es eso posible, 
hay que decirlo todo ahora.

Este hechizo no ofrece garantías.
Si se rompe un espejo, 
la palabra, una copa...

Si la sinceridad tiene una grieta, 
pierde peso, se anuncia,
ladra, se justifica...
es difícil pegarla,
convencerla, pintarla...

Es mejor una nueva.  


***



Para saber si es conveniente dinamitarlo todo
hay que tener en cuenta la distancia
a la que uno se encuentra de si mismo.

Si el tiempo no escatima el pago de su deuda,
las indemnizaciones en concepto de daños 
a la piel, al deseo, a la esperanza...
en moneda de amor a uno mismo,
a lo mágico y bello del mundo,
en sabia calma ante la estupidez, 
la mezquindad, el miedo y la mentira,
en elegancia ante cualquier infamia...
en lo que llaman, en resumen, experiencia,
no se hará necesaria 
tan severa medida.

Puede bastar con la simple habilidad
de saber decir no tranquilamente, 
de elegir libremente los minutos, 
y a los lugares, pagarles con distancia.


***


Para salir de un laberinto se debe caminar 
en alguna dirección. 
No sirve para nada arrepentirse
y tampoco son útiles los juicios. 
En cuanto a si es mejor
permanecer despierto, 
es difícil saberlo,
los indicios a veces 
se ocultan en los sueños.

Puede que lo importante 
sea saber si afuera 
está la libertad,
si el laberinto nos tiene rodeados
o si nosotros lo hicimos prisionero.


***


Para quemar un poema
hay que sangrar por los cinco sentidos
y vomitar por los tres corazones,
no es suficiente maldecir en la taberna,
frente al mar,
en la cama...

Para romperle los huesos a un poema,
reducirlo a ceniza, 
desarmarlo,
hay que meter en cal viva las entrañas,
ahogar en amnesia los rencores y abrazos,
defecar hasta el primer recuerdo. 

Para matar hasta el alma de un poema 
no basta con la muerte y el olvido, 
la desintegración de la galaxia, 
la abolición del Cosmos y del Tiempo.

Quizás lo único que destruya un poema
sea su descendencia despiadada,
la joven fiera que devora a sus padres 
y, por si acaso, 
también a sus crías.

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