lunes, 18 de agosto de 2014

TRABAJOS DE FELICIANO

TRABAJOS DE FELICIANO

Feliciano ha vuelto, ahora trabaja como acomodador.
El salón de los sueños reúne los deseos sin camino de gentes inconexas. Hay como una especie de ruleta en la que, a veces, los sueños de dos seres se ven y se saludan.
Feliciano Expósito no debe intimar con los clientes.
Hace calor, este sol!... y la tristeza es solo la cosquilla leve de una gota de sudor que rueda por la parte más baja de la espalda sin haberse anunciado, nada.
El tiempo, como siempre, se afana en confundir mentes y corazones, lo mejor es hacer como quien no lo ve. Feliciano ya casi aprendió a ignorarlo, a no dejarse intimidar por él.

 Distribuye al azar, sin criterio, los sueños que pacen libremente sin conciencia, para que no se agolpen en alguna esquina del salón. Su horario de trabajo no es fijo, sale para almorzar a cualquier hora. Es cuando se producen algunos altercados, nada serio, solo algún sueño tozudo que insiste demasiado en mantener el rumbo. Nada. Él regresa sin haberse dado cuenta.

 A veces, en su día libre, Feliciano no encuentra ocupación que lo reconforte, y se disfraza para poder entrar y fluir anónimamente por el salón, entre los otros sueños y así observar las diversas especies, los románticos, los surrealistas y descabellados, los primarios, los ridículos...
Él ya casi está dispuesto a arriesgar su empleo, entrar también en la ruleta, volver a exponerse a la vida común.

 Al despertar no sabe, no consigue distinguir si la luz brumosa y dorada, casi rojiza, es de crepúsculo o de aurora. No existen los relojes, pero siente que sus pies en pocos minutos van a conducirlo hasta su puesto.
Feliciano ha vuelto.
Ahora trabaja de barquero  en las balsas que llevan heridas e ilusiones de orilla a orilla en el río de los versos no nacidos. Feliciano Expósito no debe conversar con el pasaje, y mucho menos hablar de su pasado.

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